Diario de un gato negro

Una Navidad Negra | Capítulo 4

En una Navidad Negra, Vincent Peterson enfrenta al hombre que maltrató a su ex esposa. Sin embargo, él no luchará solo contra la oscuridad.


Una Navidad Negra

25 de Diciembre de 2014. Una de las razones por las que no he escrito mucho en éste diario, es que no tengo la costumbre de comentar mi vida. Pero, la humana me dijo que es necesario, para desahogarme y entregárselo a mis hijas, en el momento de mi partida. Además, me dijo que debo “agradecer” a Dios, porque he conservado mis recuerdos.

Desde que tengo memoria, me ha fascinado la Navidad. Compartir con mis hijos y la mujer con la que me casé, hizo que la felicidad floreciera en mi interior. Aquellas caras sonrientes y llenas de vida, el dinero no las podía comprar, en una fecha representada más por el capitalismo, que por la generosidad.

Sin embargo, la situación cambió mucho. El idiota continuó maltratando a mi ex esposa, al frente de mis hijas que miraban con la misma impotencia y resignación que yo tenía. No paré de llorar en un rincón, hasta que la humana me acarició.

Seguro te preguntarás cómo un gato negro puede escribir un diario. Es lógico. Mis patas me impiden hacerlo. Celeste Blake me ha ayudado todo éste tiempo. Es la sacerdotisa de Necrotia, el Reino de los Muertos.

Por cierto, ella me dijo que no debo escuchar a Lilith, ni caer en sus trampas o tendré una condena eterna. Le haré caso, aunque sigue buscándome.

El mundo de los muertos es tan distinto al de los humanos. Veo las almas de personas que no paran de llorar o que perdieron su rumbo y no tienen idea que Necrotia existe. Pero, los demonios acechan a la orden del día y he visto cómo pulverizan las almas, como un agujero negro tragando todo lo que tenga en frente. Si lo vieras, no lo soportarías.

La sacerdotisa notó mi tristeza y me dijo que la Santa Muerte quería el alma de ese tarado. A cambio, me daría una invulnerabilidad temporal, mientras cumpliera el trato.

No tuve otra opción. Acepté el trato para salvar a mi familia de ese malnacido. Ella me entregó una pócima elaborada en Necrotia.

Lo bebí y un poder inexplicable recorrió mis venas. Me sentí como un Adonis convertido en gato, pero tenía claro el trato. No había que jugar con la Santa Muerte o el único perjudicado sería yo.

Entré a la habitación y él dormía tranquilo e impune. No dudé dos veces, lo ataqué con un mordisco en su cuello y alcancé a rasguñar su cara. El mordisco no le causó mucho daño y ocurrió lo que predije. Él me tomó del pescuezo con sus asquerosas manos y pateó mi cuerpo contra una pared.

Aquel golpe brutal hizo que escupiera un poco de sangre, pero la poción de la Santa Muerte surtió efecto y regeneró mis heridas. Sin la poción, no habría sobrevivido al daño provocado por ese monstruo y mis órganos hubieran sido reventados.

El ruido despertó a mi ex esposa y me ordenó que parara de atacar a su pareja. Pero, no quería volver a ver los maltratos hacia ella.

Salté a su cara, lo rasguñé varias veces y no dejé que escapara por la puerta principal de mi hogar. Después de unos minutos, logré morder su cuello, por segunda vez. La sangre salía disparada a todos lados, hasta que él murió.

Mi ex mujer no soportó el terrible acto y llamó a una ambulancia londinense. Al tipo le realizaron los primeros auxilios, pero su vida había expirado. Observé su tristeza y me preocupé.

No quería mirarla a los ojos, pero me tomó en sus brazos, besó mi frente y limpió mi hocico, como un gesto de agradecimiento, porque su infierno había acabado.

Salí del lugar a respirar aire. A lo lejos, noté la presencia de Celeste Blake y miré al lado derecho. Observó algo con una cara de miedo. Yo la miré con tristeza, porque la Nochebuena y la Navidad no resultaron ser fechas felices.

De pronto, me llamó la atención aquella reacción de la sacerdotisa. Miré al otro lado y observé a Lilith que me aplaudió y caminó hacía a mi. Dijo que podría habitar en su reino, pero yo me negué de manera rotunda.

Ella impidió mi escape y me agarró del pescuezo. Sentí que sus garras me quemaban, y en ese momento, noté el vencimiento de aquella poción. Justo en el peor momento posible.

Celeste utilizó sus poderes contra Lilith, hasta que logró apuntar a su mano y soltó sus sucias garras de mi cuerpo. Yo corrí hacia la sacerdotisa y que me cubrió con una especie de escudo.

La madre de los demonios creó un portal para escapar al Averno y me miró con una cara de odio. Por primera vez, sentí una maldad tan gigantesca que nadie podría hacerle frente.

Tomé una decisión muy compleja. Le pedí a Celeste que me llevara a Necrotia para hablar con la Santa Muerte, con el fin de seguir siendo invulnerable. Como moneda de cambio, utilizaré mi libertad. La sacerdotisa me advirtió de la personalidad de Necroty.

No quiero perder la vida y dejar de ver a mi familia. Quiero evitarlo a toda costa y la sacerdotisa pretende ayudarme.

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The Author

Mauro Gómez

Mauro Gómez

Tecnólogo en Informática Biomédica especializado en Marketing Digital, UX y Programación. Autor de historias de Terror de los tipos Uncanny y Psicológico