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La visita de Santa Claus | Relato I

Esteban era un niño que amaba la Navidad y pidió un crudo deseo que se hizo realidad con la visita de Santa Claus a su propio hogar.


La visita de Santa Claus

La Navidad. Una fiesta positiva para casi todos los niños del mundo. Creen en una mentira blanca de sus padres sobre Santa Claus, hasta que la verdad sale a la luz.

Algunos se lo toman bien y otros tienen una pataleta absurda que puede durar horas o días. Pero, deben creer esa mentira porque es la magia de la fiesta y es mal mirado que los niños no lo hagan.

Esteban era un niño de 11 años, tenía la piel blanca, los ojos marrones y el pelo castaño. Vivía en la comuna de Providencia, perteneciente a la ciudad de Santiago de Chile. Sus padres eran periodistas adinerados y podían consentirlo con muchos regalos, para que fuera la envidia de todo el barrio.

Una semana antes de Navidad, ellos lo llevaron a un centro comercial y buscaron a un señor disfrazado de Santa Claus que estaba guardando sus cosas para retirarse del lugar.

Los periodistas le dijeron que se quedara un tiempo más, para que le dijera qué regalo le gustaría recibir ese día. El hombre no tuvo ningún problema, se quedó y le dijo al niño:

  • ¡Jo, jo, jo! ¿Cómo te llamas?
  • Esteban. Oye, ¿tu barba es real? – preguntó el niño.
  • Si, ¡tócala y verás que es real! – susurró Santa Claus con mucha seguridad al niño.
  • ¡Mamá! ¡Es real! – exclamó el niño con mucha felicidad y la madre asintió con la cabeza muy feliz.
  • Dime, pequeño. ¿Qué quieres para Navidad?
  • Es un secreto y necesito que leas mi carta – dijo el niño con mucha emoción.
  • ¡Wow! Son muchas cosas – dijo Santa Claus.
  • Puedes cumplir mis deseos, ¿verdad? – preguntó el niño.
  • ¡Claro! ¡No te preocupes! – exclamó Santa Claus

La madre agradeció el gesto del hombre y se fueron al estacionamiento para dirigirse a su hogar.

Cayó la noche y la familia estaba muy feliz, pero ignoraban que estaban siendo perseguidos por el hombre con la barba blanca, hasta su hogar.

Cuando el horror surge desde las profundidades, lo hace sin piedad, y con una brutalidad tan real, que puede superar a la ficción.

A las 3 de la madrugada, el hombre tocó el citófono de la casa que estaba repleta de luces navideñas y adornos en el exterior. El padre del niño estaba extrañado y le preguntó algo enojado:

  • ¿Qué mierda necesitas a ésta hora?
  • Disculpe la hora. A su hijo se le cayó su celular y quería devolvérselo – le dijo el hombre.
  • De acuerdo. No hay problema. Pase, buen hombre – dijo el padre de Esteban.

Lo que no sabía, era que “Santa Claus” tenía un cuchillo cazador escondido en el bolsillo de su traje, acribilló sin piedad al padre del niño en el tórax y el rostro, y en un acto de brutalidad sin precedentes, lo decapitó.

Al sentir el ruido de la cabeza que cayó al piso de la casa, la madre de Esteban bajó al primer piso de la casa para ver qué rayos estaba sucediendo y se encontró de frente con el hombre barbudo lleno de sangre. Le preguntó irónicamente:

  • ¡Jo, jo jo! ¿Te gusta mi regalo de Navidad? Sé que es algo anticipado, pero no aguanté la emoción para entregártelo.
  • ¡¿Eres un monstruo?! Mi marido… – gritó la mujer.
  • Veo que no te gustó mi regalo. Es una lástima, porque quería sorprenderte y pensé que eras digna de mi gran obra maestra – dijo el hombre ensangrentado mientras se acercaba a la mujer.
  • ¡¿No me hagas nada?! ¡¿Por favor?! – gritó la mujer desesperada.
  • Lo siento. De verdad. Pero, tu vida ya alcanzó la fecha de caducidad y no hay más remedio, bella dama – ironizó el hombre, cuando clavó el cuchillo en el pecho de la mujer.

La primera estocada hizo trizas su corazón y murió de manera casi instantánea.

Con tantos ruidos provocados por el monstruo inhumano, el niño se despertó y bajó las escaleras. Al ver a sus padres masacrados, él no lloró y comenzó a reír, mientras pisaba el charco de sangre.

El ensangrentado Santa Claus le preguntó:

  • ¿Ésto era lo que querías? ¿Estás feliz con tu regalo?
  • Si, Santa Claus. Ellos me maltrataron y humillaron por mucho tiempo. Merecían morir – dijo el niño.
  • Bueno. El deseo está cumplido y me llevaré sus billeteras como el pago por mis servicios. Me retiro, niño – dijo Santa Claus algo cansado.
  • No contaría con ello – murmuró Esteban mientras sacaba una pistola para disparar a quemarropa contra Santa Claus – ¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad!

Después de matar al hombre de un balazo en el cráneo, llamó a la policía contándoles lo sucedido. Encontraron al niño llorando y confesó que el disparo contra el hombre disfrazado de Santa Claus fue por defensa propia.

Actualmente, Esteban vive junto con sus abuelos y se prometió guardar el secreto por toda su vida.

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The Author

Mauro Gómez

Mauro Gómez

Tecnólogo en Informática Biomédica especializado en Marketing Digital, UX y Programación. Autor de historias de Terror de los tipos Uncanny y Psicológico