La caída de los vivos

Korsakov Ivanov | Capítulo 1

Primer capítulo de la serie “La caída de los vivos”. Dimitri es un soldado que busca a la muerte para reencontrarse con su familia.


Korsakov Ivanov

7 de Diciembre de 1942. Berlín, Alemania. Después del ataque aéreo japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos e Inglaterra le declararon la guerra a Japón. El 11 de Diciembre, Alemania e Italia le declararon la guerra a Estados Unidos.

En Alemania, murieron varios prisioneros de guerra. La mayor parte de ellos, eran soviéticos. Fueron tratados como Untermenschen (subhumanos) y recibían un tratamiento letal. Tenían dos opciones: convertirse en esclavos para trabajar en zonas peligrosas o eran asesinados y masacrados.

Dimitri Korsakov, un sargento soviético que no tenía más de 20 años, de 1,75 metros de altura, de piel blanca, ojos verdes y pelo rubio, era uno de esos prisioneros que los mandaron a trabajar en las minas de Kaiseroda.

Lo único que él anhelaba era ver a su familia que vivía en Stalingrado. No quería saber nada más de armas, ni volver al campo de batalla. Él sabía que iba a morir en ese lugar y esperaba verlos en la otra vida.

Una semana después, presenció el horror de un accidente, donde varios de sus compañeros fueron aplastados por las rocas de la mina. Dimitri sobrevivió y fue golpeado por un soldado alemán, acusándolo de ser un cobarde y que debió morir dentro de la mina, al igual que sus compañeros. La golpiza terminó con la llegada de más Untermenschens.

Pasaron varios días. Dimitri no tenía señales de debilidad, estaba casi intacto. Trabajando como un esclavo más, los soldados alemanes estaban atónitos. Normalmente, los esclavos no duraban más de una semana y él era una excepción a la regla. Nadie sabía el por qué.

Dimitri también desconocía la razón de su resistencia física, pero si sabía de su inteligencia para salir de situaciones conflictivas.

Por más que lo golpearan, él se levantaba a trabajar de nuevo. Era una rutina que asimiló de tal manera, que empezaba a sonreír cuando iniciaba la golpiza.

Un día, uno de los soldados alemanes perdió la paciencia y apretó el gatillo de su rifle. La bala atravesó la pierna izquierda del soviético y exclamó:

  • Ahora, ¿quién ríe? ¡Eres sólo un hijo de puta resistente! ¡Pediré que te aniquilen!
  • ¿Eso es lo que piensas de mí? – preguntó Dimitri de forma irónica, mientras su pierna sanaba rápidamente.
  • ¿Q-qué mierda eres? – preguntó el soldado de forma temblorosa.
  • Soy un Untermenschen. O lo era. – dijo Dimitri con una voz que era más gutural.
  • ¡Ve a trabajar a las minas! – exclamó el soldado, cuando vio a su superior acercándose.
  • De acuerdo. Muchas gracias por ésta sana conversación – dijo Dimitri de forma irónica.

El Coronel Constantin Ditler estaba paseando en las minas, junto con uno de los integrantes de la Schutzstaffel o SS, que era una organización política, policial, penitenciaria, militar y de seguridad de los nazis.

Al informarse de que un esclavo soviético había resistido los malos tratos de los soldados por más de una semana, ellos se dirigieron hacia Dimitri para presenciar lo imposible.

Un trabajador incansable que producía su cuota, hasta el anochecer. No se desmoralizaba cuando uno de sus compañeros fallecía. Era un Untermenschen, pero una excepción a la regla. Algo que los alemanes aborrecían, porque ningún soviético debía ser superior a ellos.

Dos semanas después de la llegada de Dimitri, los soldados alemanes llevaron a Dimitri a un cuarto oscuro para un interrogatorio. Cuando las luces se encendieron, él ya no estaba. Desapareció hacia un rumbo desconocido. Los soldados alemanes fueron ejecutados por el coronel, porque creyó que ellos lo habían ayudado a escapar.

Constantin dio la orden de búsqueda para que asesinaran al Untermenschen y que dispararan a matar. Pero, la mala suerte del sargento, sólo estaba comenzando.

Dimitri no iba a desaparecer con las manos vacías, después de todo lo sufrido. Él desconocía que su resistencia y regeneración eran dones desconocidos para la ciencia, pero si todo salía como lo planeado, la muerte de Constantin sería un hecho.

Era común ver en las calles de Berlin a miembros de la Schutzstaffel. Dimitri estuvo esperando en un apartamento destruido y abandonado, donde habitaban judíos y los cadáveres estaban debajo de los escombros calcinados, la oportunidad que uno de ellos estuviese solo.

Esperó un par de días, hasta que la oportunidad se presentó al anochecer. Uno de los integrantes de la organización estaba ebrio y estaba peleando contra un mendigo. Dimitri se dirigió a él sigilosamente y lo golpeó en la cabeza con uno de los escombros de la casa.

Afortunadamente, la ropa del “dormilón” le quedaba bien a Dimitri y pudo infiltrarse en la Schutzstaffel. No existía seguridad de que él iba a regresar a las minas en que trabajó, pero estuvo recopilando información de la organización, con el fin de entregársela a los soviéticos, si lograba escapar o sobrevivir en Alemania.

En las minas de Kaiseroda, un integrante de la Schutzstaffel dio el aviso de lo que había sucedido a la jefatura. Nadie sabía del paradero de Dimitri, pero aseguraban que él iba a morir tarde o temprano.

La Schutzstaffel se hizo presente en el lugar. Llevaron al coronel a la pieza oscura a un interrogatorio para saber del paradero del Untermenschen y cómo se había escapado. La sorpresa del coronel es que, después del interrogatorio, fue ejecutado a sangre fría en las manos de Dimitri, que estaba disfrazado como un integrante de la SS, que luego se marchó a un rumbo desconocido dentro de ciudad de Berlín para sobrevivir, hasta el fin de la guerra.

Estuvo escondido hasta el 2 de septiembre de 1945. Obtuvo ayuda de los militares soviéticos, y al saber que un sargento de los suyos pudo sobrevivir tanto tiempo, él fue reincorporado a las filas para poner orden en Alemania. Fue ascendido a coronel y tuvo que quedarse cuatro años para realizar labores de paz.

En el año 1949, se construyó la República Democrática Alemana. Dimitri pidió su traslado al Comandante para ver a su familia en Stalingrado. Empezó a notar que no envejecía y que seguía con el mismo aspecto, desde sus inicios en el ejército soviético.

Pero, su retorno estuvo marcado de un escenario triste: ellos fueron asesinados por las fuerzas alemanas. Él no hacía más que llorar. Se apuñalaba en el pecho a sí mismo con un cuchillo cazador, una y otra vez sin tener éxito para morir, preguntándose por qué tenía ese don y por qué no pudo utilizarlo para proteger a su familia.

Después de visitar su casa destruida, renunció al cargo que le dieron en el ejército soviético y se marchó a los Estados Unidos, alejándose de la civilización.

Él pensaba que el infierno era su destino y en el desierto del estado de Arizona, podría morir en paz, porque su familia estaba muerta y su corazón estaba completamente quebrado.

Pasaron varias semanas, él se dio cuenta que era resistente a la deshidratación y al hambre. Empezó a gritar, a golpear la tierra con sus puños y a llorar sin consuelo alguno.

Un grupo de navajos se trasladaba a su hogar y vieron a Dimitri llorar. Comenzaron a preocuparse cuando él se dirigía a un precipicio.

Uno de ellos, lo atrapó con una soga y se lo llevaron, mientras el soviético intentaba luchar por quitarse la cuerda.

Cuando llegaron al lugar, una casa muy humilde, Dimitri comprendió que querían ayudarlo y empezó a estudiar el idioma navajo e inglés. En ese proceso, conoció a Dakota, una mujer navajo de 26 años que, en un principio, veía a escondidas al soviético.

Dos semanas después, él comenzó a trabajar junto con los caballos, recorrer el desierto, entre otras cosas. Dakota se acercó a Dimitri y le preguntó por qué cada noche él estaba triste.

Dimitri le enseñó sus dones y sollozando le dijo que sólo quería irse de éste mundo. Quería morir y le contó todo lo que vivió.

Por primera vez, el soviético se sintió escuchado y comprendió que su don servía para que hiciera el bien, que ya no podía envejecer más, era una carga eterna y debía asumirlo de la mejor manera posible. Nunca más podría ver a su familia en el otro mundo.

Dimitri se enojó con Dakota. Estuvieron una semana sin hablar, hasta que él comprendió todo, pero de la forma equivocada. Según él, creyó que con un hechizo o un ritual podría sanarse y ver a su familia.

Cuando le dijo esa idea a Dakota, ella le dio una cachetada y le dijo que todos sus consejos fueron en vano.

Dimitri se enojó. Agradeció a la familia de Dakota por toda la ayuda que recibió y se marchó hacia un rumbo desconocido. Prometió que iba a volver, aunque su mirada decía otra cosa muy distinta.

El soviético le dejó una carta a Dakota, para que no se sintiera culpable. Ella leyó la carta, pero no aguantó la soledad y la culpa consumió sus ganas de vivir, porque sabía que nunca más lo volvería a ver. No comió durante semanas, y varios meses después, se suicidó colgándose de un árbol.

Previous post

There is no more story.

Next post

Inmortal

The Author

Mauro Gómez

Mauro Gómez

Tecnólogo en Informática Biomédica especializado en Marketing Digital, UX y Programación. Autor de historias de Terror de los tipos Uncanny y Psicológico