La caída de los vivos

El Festival del Suicidio | Capítulo 6

Dimitri tiene la difícil misión de salvar a Clare de Skullik. Pero, el Festival del Suicidio ha comenzado y nada resultó como debía ser.


El Festival del Suicidio

El caos transformó el paisaje de Salt Lake City. Cuerpos destrozados y desangrados por todos lados. Personas escondidas en sus hogares, creyendo que existe la esperanza o que su Dios los va a salvar de su destrucción, algo que no sucedería, ni en sus mejores sueños.

Dios no salva a los cuerpos físicos, sólo captura las almas para crear nuevas forma de vida. No sirve de nada suplicar, ni rogar. Es un mero observador que no puede hacer nada para salvar el mundo, al igual que Samael.

Las marionetas de Skullik quemaron las iglesias con la mirada atenta de Clare. Skullik observaba el rostro de fascinación de la niña y le dijo:

  • La única iglesia que ilumina, es la que arde en las llamas del infierno, porque sólo sirven para alimentar el negocio de la salvación para los fieles
  • Sí, mi maestro. Los humanos deben aprender que la fe no existe – dijo Clare esbozando una macabra sonrisa.
  • Hay que seguir destruyendo la moralidad y la esperanza de éste virus – dijo Skullik.
  • Exterminar a los humanos es nuestra misión, ¿aunque no es mejor que se destruyan a sí mismos? – preguntó Clare.
  • No, porque sería más aburrido observarlos. Es mejor destruirlos con nuestras propias manos, en vez de escondernos como unos cobardes – dijo el Ente.
  • De acuerdo, mi maestro – dijo Clare con una gran conformidad.

El Ente de las 45 calaveras y sus sirvientes no tardaron en destrozar seres humanos de manera indiscriminada. Bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos. Cuando la muerte llega, no discrimina.

Sin embargo, lo más deleznable, fue la muerte de las mujeres embarazadas en manos de las marionetas. Skullik disfrutaba las caras de horror y dolor, mientras  arrancaba el feto de su útero para consumir su pequeña alma, antes de consumir el de la madre.

Los militares llegaron para poner orden a la macabra situación, pero tuvieron el mismo destino que los policías. Skullik ordenó a sus marionetas desmembrar y decapitar a todos los soldados, hasta que no quedara nada de ellos. Un intento estúpido de la humanidad para enfrentar a un espectro inmortal.

Todo sucedió como una pesadilla inenarrable y sanguinaria. Un apocalipsis sin salvación. Los humanos no paraban de preguntarse sobre la verdadera existencia de Dios, antes de morir.

Clare no paraba de reír sobre la destrucción de su propia especie. La euforia inundó su mente y la oscuridad secuestró su corazón, creando una persona irreconocible. Aquella niña de alma pura había quedado en el pasado.

Después de su reencuentro, Dimitri y Anna decidieron luchar juntos contra Skullik para vengar a todos los humanos que murieron y sin misericordia.

Mientras, la noticia no tardó en llegar a las manos de Lilith, gracias a los súcubos. Con temor reflejado en sus ojos de color escarlata, informaron la situación a la madre de los demonios:

  • Skullik invadió Salt Lake City, mi señora
  • Que haga lo que quiera. No me interesa que los humanos mueran – dijo una desinteresada madre de los demonios.
  • Pero, no está solo – dijo uno de los súcubos con temor.
  • ¡¿Con quién está?! ¡¿Informen ahora o desintegraré sus malditos cuerpos?! – el grito de Lilith hizo temblar el Averno.
  • Con una niña que odia a su propia especie y es la aprendiz de Skullik. Dimitri y Anna decidieron luchar contra él – dijo el mismo súcubo.
  • Sería peligroso que una humana reciba tanto poder, sin una maestra como yo – ironizó la madre de los demonios – iré al campo de batalla y ayudaré a mi familia, aunque sea a la fuerza.
  • Si, mi reina – dijo el súcubo, antes de retirarse.

Lilith abrió un portal demoníaco, el cielo gris se enrojeció y una columna gigante de fuego apareció. Dimitri Korsakov y su madre no sabían qué era lo que estaba sucediendo.

Con algo de temor, ellos se dirigieron a esa extraña columna de fuego y presenciaron la llegada de Lilith y Vilserk. Anna gritó sorprendida:

  • ¡¿Qué está pasando?!
  • La situación va a empeorar. Hay que prepararnos para lo peor – dijo Dimitri intentando calmar a su madre y preparándose para luchar.
  • Yo no me calmaría, si fuera tú – dijo Lilith de manera sarcástica.
  • ¡¿Ríndanse?! ¡¿No pueden hacer nada contra nosotros?! – gritó Vilserk y su voz quebró las ventanas de los edificios y casas aledañas.
  • ¡¿No me rendiré ante ti?! – gritó el ex militar soviético al golpear con su puño al Lobo del Averno en el rostro.
  • ¡¿Dimitri no está solo?! – gritó la madre de Dimitri al pegar una patada a Vilserk en el abdomen.
  • De verdad, ¿pensaron que esos golpes mediocres me hicieron daño? – preguntó el Lobo del Averno con un sarcasmo que daba miedo.

La tensión en el ambiente era fuerte entre el Lobo del Averno y Dimitri. Lilith y Anna les ordenaron calmarse, porque era necesario dialogar:

  • Basta, Dimitri – ordenó Lilith al ex militar – no es necesario que sigas luchando, porque no ganarás.
  • Escuchemos lo que tienen que decir – ordenó Anna a su hijo.
  • Esto no debe estar pasando – dijo Dimitri al arrodillarse ante Lilith y Vilserk.
  • Lo que ha pasado, es en gran parte mi culpa y necesitamos de su ayuda – dijo la madre de los demonios.
  • ¡¿Maldita furcia?! ¡¿No tienes conciencia de nada?! ¡¿Por qué lo creaste?! ¡¿No tienes conciencia?! – gritó Dimitri con tanta ira que su piel rasgó parte de su rostro.
  • Cuida tus palabras, malnacido – advirtió Lilith.
  • Dimitri, basta – dijo Anna a Dimitri.
  • De acuerdo, continúa – dijo Dimitri con desinterés y Lilith lo notó.

Frustrada, la madre de los demonios tenía la intención de presionar al ex militar, para que estuviera bajo sus órdenes, durante la batalla. Al acercarse a Anna, le dijo a Dimitri de forma irónica:

  • No me escucharás, hasta que afecte a alguien que quieras
  • ¿P-por qué me observas de esa manera, Lilith? – preguntó Anna.
  • No puedo matarte, porque eres muy intrigante. Pero, tu hijo es un malcriado y necesita modales – dijo Lilith al intentar la posesión del alma de Anna – no vas a liberarte de mi, hasta que yo lo decida.
  • ¡¿N-no?! ¡¿Basta?! ¡¿No te he hecho nada?! – resistió Anna por unos momentos.
  • ¡¿Furcia de mierda?! ¡¿Mi madre no tiene que ver en ésto?! ¡¿Mi cuerpo es más valioso que la de ella?!- gritó Dimitri desesperado.
  • No puedes hacer nada, Dimitri – dijo Vilserk cabizbajo, al sostener el cuerpo de Dimitri para que no hiciera nada – cuando ella hace eso, es imposible detenerla.

Al terminar de poseer el cuerpo de su nieta, Lilith esbozó una sonrisa grotesca. Sabía que su bisnieto caería en sus manos para proteger a quién más quería y le dijo:

  • No te equivocas, Dimitri – dijo Lilith al terminar de poseer el cuerpo de Anna – ella no tiene nada que ver, pero tú sí.
  • ¿Qué quieres de mí? – preguntó Dimitri con lágrimas en los ojos.
  • No llores, bisnieto mío – dijo la madre de los demonios acariciando el rostro del ex militar.
  • ¡No somos familia! – exclamó el ex militar al apartarse de su bisabuela.
  • Lo somos. Veo que Anna comento una parte mínima sobre su verdad – insistió Lilith mirándolo a los ojos.
  • ¡¿A qué mierda te refieres?! – gritó Dimitri a Lilith.
  • Primero, lleguemos a un acuerdo – dijo la madre de los demonios – consígueme el alma de Clare.

La voluntad de Lilith era una ley arbitraria, estaba prohibido negar o violar sus condiciones. Nada podía detenerla, menos un humano inmortal que nunca había utilizado su poder.

Dimitri intentó hablarle a su madre, porque pensaba que algo de ella habitaba en ese monstruo, creyendo que la esperanza existía. Pero, la madre de los demonios tenía todo el control y le dijo a Dimitri que, si rescataba el alma de Clare, dejaría a Anna en paz. No tuvo otra opción.

Antes de la batalla, Dimitri tenía el deber de aprender sobre la utilización de sus poderes ocultos y se marcharon de la ciudad para entrenar con Vilserk. Para que tuvieran más tiempo, Lilith ralentizó el tiempo con su ilimitado poder. Una esfera los

Los primeros intentos fueron un fiasco, porque el Lobo del Averno no tuvo piedad con él, hasta que comenzó a desafiarlo sin descanso.

Mientras tanto, en Salt Lake City, Skullik supo de la llegada de Lilith y empezó a temblar de miedo, algo que Clare notó:

  • ¡¿Mierda?! ¡¿Por qué ahora?!
  • ¿Qué le sucede? – dijo Clare con algo de terror en sus ojos.
  • Lilith llegó a enfrentarme. Estamos en el peor escenario posible, mi aprendiz – dijo el Ente.
  • ¿Quién rayos es Lilith? – preguntó Clare con algo de preocupación.
  • Mi creadora. La traicioné para crear el caos en la humanidad y es capaz de destruirnos con un dedo – dijo Skullik empuñando sus huesudas manos – te enseñaré a combatir para que no te lleve al Averno.
  • Sí, mi maestro – dijo Clare con un sentido del deber.

El entrenamiento de Clare consistió en dominar a las marionetas por su cuenta, con el fin de asesinar y distraer a sus enemigos. Skullik estaba orgulloso de ella, pero no debía demostrar ese sentimiento.

La brutalidad se traspasó a una nueva generación, pero tenía fecha de caducidad. Clare no era inmortal y el Ente no tenía el poder de entregarle ese don, así que debía enseñarle cómo defenderse y escapar cuando todo empeorara.

Una guerra no es un juego. Vives o mueres. No puedes tener más de una vida, como en los videojuegos. La realidad es más cruda de lo que imaginas.

Clare conservaba un poco de su humanidad y abrazó a Skullik. Él la miró enojado porque odiaba a los humanos, pero no le dijo nada. Sólo le dijo que se preparara, porque Lilith estaba cerca y desconocía su estrategia.

En las afueras de la ciudad, Dimitri Korsakov terminó su último entrenamiento. En poco tiempo, mejoró y potenció sus habilidades. Además, se llevó mejor con Vilserk.

  • Has mejorado mucho, chico
  • Muchas gracias, Vilserk. Nos espera una cruda batalla – dijo Dimitri algo preocupado.
  • Mientras no la traiciones, todo saldrá bien – dijo Vilserk con algo de temor – cuando la traicioné, me castigó y me convirtió en lo que ves.
  • Que furcia tan detestable – dijo el ex militar con rabia a causa de la posesión del alma de su madre.
  • Pero, si haces todo lo que te diga, ella cumplirá su palabra – dijo el Lobo del Averno.
  • Mi odio va más allá de eso, Vilserk – dijo Dimitri empuñando sus manos y frunciendo la mirada – soy inmortal por su culpa.
  • Hey, hermano. ¿Qué tiene de malo vivir? – preguntó Vilserk de manera muy enérgica.
  • Nada. Lo malo es no morir – dijo el ex militar relajando sus manos y el rostro – ver morir a los tuyos y no poder acompañarlos.
  • Muchas personas han sentido eso – dijo el Lobo del Averno.
  • Sí, pero ellas viven todo lo posible, hasta que dejan de respirar y yo no puedo dejar de vivir – dijo Dimitri mirando el suelo – me gustaría que todo fuera distinto, pero tenemos una misión que cumplir.
  • Así es, compañero. Céntrate en eso – dijo Vilserk.
  • Lo lamentable, es que no será la última misión que deba cumplir – dijo el ex militar.

Después de esa conversación, Dimitri solicitó una conversación a solas con Lilith. Ella accedió:

  • ¿Qué deseas de mi? – preguntó Lilith mirando a los ojos de Dimitri.
  • Desconozco mi origen y me gustaría saber qué clase de fenómeno soy – contestó Dimitri.
  • Cuando tomé prestada el alma de tu madre, yo sabía qué clase de criatura era – respondió Lilith
  • ¡¿Por qué hiciste eso?! – gritó Dimitri con desesperación – ¿la dejarás libre después de la guerra?
  • Baja el tono de tu maldita voz, Dimitri. Los genes inmortales se transmitían entre las mujeres, de generación en generación, pero tú eres especial. Eres inmortal porque los genes dominantes de tu madre hicieron que conservaras sus habilidades. Yo soy tú y tú eres yo, Dimitri. Acéptalo y únete a mí – confesó Lilith de forma sincera
  • Lucharé por ti – dijo Dimitri desconsolado, antes de alejarse – pero, no quiero volverte a ver

Lilith se enfureció y no iba a dejar que él abandonara la conversación. Dejó de poseer a su madre por unos instantes, y como una lanza, enterró su cola atravesando el corazón de Dimitri y lo abrazó para que se mantuviera de pie. Anna se desplomó en el suelo inconsciente y estaba custodiada por Vilserk.

  • ¡¿Ese fue tu peor error, Dimitri?! – exclamó Lilith enfurecida.
  • N-no voy a ser tuyo, Lilith – dijo Dimitri con una sonrisa llena de sangre.
  • ¡No vas a dejarme, imbécil! – exclamó Lilith moviendo su cola para que la herida le doliera más a Dimitri.
  • Tú eres la única que puede asesinarme. ¡Te invito a que lo hagas, hija de puta! – exclamó
  • Así que, eso era lo que querías. Morir y hacer que ese maldito don sea un desperdicio – dijo una resignada Lilith.
  • No quiero que poseas a mi madre. ¡¿Déjala en paz?! – gritó enfurecido Dimitri.
  • Ella es mía, al igual que tú. Me servirán para ésta batalla y por toda la eternidad, lo quieras o no – dijo Lilith mientras sacaba su cola del cuerpo de Dimitri – ¿tú me habrías ayudado, si no hubiera poseído a tu madre?
  • Hubiera luchado igual contra Skullik, con o sin ti. Gracias por quitar tu sucia cola de mi cuerpo, furcia traicionera – dijo Dimitri con ironía.
  • Agradece que no toqué tu alma que estaba al lado de tu corazón, bisnieto insolente – dijo Lilith.

Dimitri no podía hacer nada y las esperanzas de libertad se desvanecieron de golpe. Lilith no estaba jugando y su voluntad era la única ley permitida.

Ella volvió a poseer el alma de Anna y la herida de Dimitri se regeneró, como si nada hubiera pasado. Los tres se miraron con furia, pero teniendo en claro su misión: rescatar a Clare de Skullik y entregársela a Lilith.

Pero, todo empeoró de una manera hórrida. Una columna de humo rojo inundó el cielo de la ciudad y de todo el Estado de Utah. Lilith en el cuerpo de Anna, Vilserk y Dimitri corrieron al lugar de la explosión.

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Skullik evolucionó a causa de su ira, porque se sentía en desventaja ante su creadora. Clare lo miró con una cara de horror, ya que era la primera vez que veía al Ente con una energía roja y las calaveras que conformaban su cuerpo se transformaron en huesos, hasta formar un gran esqueleto humanoide.

Cuando recuperó la calma, escuchaba los gritos de horror de las personas que intentaban escapar de Utah. Pero, él empuñó una de sus manos y les dio la orden de que se callaran.

En ese momento, Skullik se dio cuenta que su poder aumentó. Ordenó que todos los seres humanos del área se dirigieran al Capitolio de Salt Lake City con armas de fuego, objetos cortopunzantes o que simplemente estuvieran presentes para lanzarse desde las azoteas de los edificios.

Skullik transfirió el mismo poder a su aprendiz. Le dijo que no temiera, porque no le haría ningún daño y que debían estar a la par para enfrentar a los enemigos.

Lilith, Vilserk y Dimitri llegaron al lugar de la supuesta explosión, y en medio del humo espectral rojo, visualizaron la nueva forma de Skullik que estaba sentado arriba del Capitolio y exclamó:

  • Lilith, ¡¿qué sorpresa?!
  • ¡¿Maldito engendro de mierda?! ¡¿Dónde está la niña?! – gritó Dimitri.
  • Detrás de ti, humano – dijo Skullik con una voz gutural y Dimitri giró la cabeza.
  • ¡Aléjate de…! – gritó el ex militar que vio a la niña con esa misma aura roja que la rodeaba.
  • No necesito tu maldita ayuda – dijo Clare con una cara llena de odio.
  • Atrás, Dimitri – dijo Lilith algo enojada – no vuelvas a meterte en mi camino.
  • ¡Oh! Al fin, habló mi persona favorita. No quiero ser mal educado, pero estoy esperando a unos invitados – dijo irónicamente Skullik.
  • No juegues con nosotros, Skullik. Tú sabes que no me agradan las sorpresas – dijo Lilith conteniendo su ira.
  • Están comenzando a llegar nuestros juguetes, maestro – dijo Clare con una sonrisa espeluznante.
  • Gracias, querida aprendiz – dijo Skullik sonriente porque su plan había comenzado.

Una multitud de personas se acercaron al Capitolio, como si estuvieran manifestándose, pero sin pancartas. Cuando rodearon el campo de batalla, Skullik les ordenó detenerse y exclamó:

  • ¡Damas y caballeros! ¡Bienvenidos al primer festival del suicidio!
  • ¡¿No?! ¡¿Ésto no puede estar pasando?! – gritó Dimitri mientras observaba que los ojos de las personas no tenían rastro de vida.
  • Alto, Dimitri – dijo Lilith al ex militar – ya es demasiado tarde para salvarlos.
  • Así es, querida dama – dijo el irónico y espeluznante Ente – no pueden hacer nada contra mí.
  • No vas a interferir en mi plan, humano – dijo Clare mientras le enterró un cuchillo en el abdómen a Dimitri.
  • Eso no funcionará, pequeña – dijo Dimitri – no puedes asesinarme.
  • ¡¿Es imposible?! ¡¿Eres un maldito humano?! – gritó la niña y tomó distancia.
  • Yo no. Pero, tú sí – dijo Dimitri al sacar el cuchillo de su cuerpo y lanzarlo por los aires.
  • No te desgastes, niña – dijo tranquilamente Skullik – demostremos nuestro poder a éstos imbéciles.
  • ¡¿Qué van a hacer con todas éstas personas?! – gritó Dimitri a Skullik.
  • ¡Matarlas! ¿Qué más podríamos hacer? Esa es la dicha de nuestra vida y lo mejor es que todo ha sido tu culpa, porque no podrás salvarlos – dijo irónicamente Skullik.
  • No lo hagas, Skullik?! – dijo Dimitri con una voz gutural.
  • Ok, no lo haré. Son tan aburridos – dijo el Ente mirando fijamente a Dimitri.
  • Entréganos a Clare – dijo el exmilitar.
  • Clare. Camina hacia ellos – dijo Skullik aparentemente derrotado.
  • Eres un idiota, Dimitri – susurró Lilith al ex militar.
  • Si, querido maestro – dijo tranquilamente Clare, mientras caminaba hacia Dimitri  – mueran, humanos de mierda.

Algunos adultos se suicidaron con un disparo en la cabeza al unísono y otros se cortaron el cuello, mientras que los jóvenes y los niños se dirigieron a las azoteas de los edificios y cayeron precipitados al suelo.

Entre la multitud que se dirigía a la azotea de un edificio de viente pisos, se encontraba Albert. Clare lo observó fijamente y se acordó de su hermosa amistad. Intentó detenerlo, pero él la golpeó en su rostro y subió al edificio para suicidarse junto a los demás.

El cuerpo de Albert cayó precipitadamente al suelo. A causa de ello, su rostro quedó desfigurado y esos recuerdos que tenía Clare, antes de convertirse en un monstruo lleno de odio, nunca más serían revividos y no paraba de gritar:

  • ¡¿Todo sucedió por mi culpa?! – sollozó Clare – ¡¿por qué actué de ésta manera?!
  • Quédate atrás. niñita – interrumpió Skullik sin empatía por su aprendiz.
  • ¡¿No quiero continuar con ésto?! – gritó la niña al Ente al quitarse la máscara de piel humana.
  • ¡¿Cállate, mierda?! – gritó el espectro para atemorizarla, pero no funcionó.
  • Ven aquí, Clare – dijo Dimitri.
  • No confío en nadie. No me hables – dijo Clare con lágrimas en los ojos – lo perdí todo y todo fue por mi culpa.
  • Todos hemos perdido a alguien – dijo el ex militar al mirar el suelo.
  • ¡¿No vayas hacia él, humana insolente?! – gritó Skullik a la niña.
  • ¡¿Tú no me mandas?! ¡¿La anarquía regirá mis acciones?! – gritó Clare al correr hacia Dimitri.
  • ¡¿No te escaparas?! – gritó el Ente al intentar asesinar a su aprendiz con sus propias manos.
  • ¡¿Desde ahora, pelearás conmigo?! – gritó Dimitri al proteger a la niña con su cuerpo inmortal.
  • ¡¿No me estorbes, Dimitri?! – gritó Lilith al ex militar.

Las calles se inundaron con más sangre que antes. Lilith esbozó una sonrisa soberbia. A pesar de la evolución de Skullik, su poder no se comparaba al de ella y le dijo irónicamente:

  • ¿Pensaste que la muerte de esos humanos me intimidaría?
  • Era sólo la bienvenida. Pero, ya que insistes, comenzaremos con la verdadera batalla – dijo Skullik.
  • No. El juego acaba ahora – Lilith dejó de poseer a la madre de Dimitri, enterró sus garras en el cuerpo de Skullik y le arrebató la mayoría de sus poderes con un movimiento horripilantemente aterrador, más rápido que la velocidad de la luz.
  • ¡¿Maestro?! ¡¿No?! – gritó Clare abrazando fuertemente al ex militar.
  • Niña, lo siento… – dijo el agónico Ente, antes de que el aura roja se desvaneciera por completo.

La madre de Dimitri se desplomó al suelo. El ex militar estaba atónito por el poder de Lilith. Sentía inutilidad, porque nunca podría enfrentar a su bisabuela en una batalla y no pudo salvar a los humanos que se suicidaron a causa del poder de Skullik.

Lilith se acercó a ambos con una sonrisa horripilante, mostrando sus colmillos y agitado su cola. Le dijo a Dimitri de forma muy tranquila:

  • Todo terminó. Dame a la niña.
  • No lo haré. Mátame si quieres, pero no voy a entregarte a Clare – dijo decidido el ex militar.
  • No lo volveré a repetir, imbécil. Dame a la niña – insistió Lilith.
  • Ya sabes mi respuesta. No seguiré más tus órdenes – dijo Dimitri.
  • Pensaba que eras más inteligente – dijo Lilith con decepción.

Ella se dirigió rápidamente al cuerpo desplomado de Anna y la atravesó con su cola. Dimitri enloqueció, y con la misma velocidad, golpeó a Lilith en su rostro. Ella ordenó que Vilserk la protegiera.

Al ver ésto, el lobo del averno golpeó al ex militar y empezaron a luchar. Algo que ninguno de los dos quería, pero estaban en bandos distintos:

  • No quiero hacer ésto, Dimitri.
  • Entonces, no te interpongas en mi camino – dijo el príncipe rojo al rajar su piel para transformarse en un ser humanoide de músculos, huesos que actuaban como una armadura y cuernos demoníacos de color negro.
  • Veamos de qué estás hecho, principito – desafió Vilserk a Dimitri – tus cuernos son idénticos al de los de Lilith.
  • ¡¿Cállate, imbécil?! ¡¿Ella y yo no somos familia?! – dijo Dimitri al golpear a VIlserk en su rostro.
  • Como detesto que hagas eso, pero no bastará para detenerme – dijo el lobo del averno.

Mientras que ambos seres combatían, Lilith quería secuestrar a Clare para transformarla en un nuevo ser demoníaco. Al acercarse, intentó tentarla con el poder y le preguntó:

  • ¿Quieres tener el poder de la inmortalidad?
  • No lo quiero. No quiero nada. ¿Dónde está ese hombre?
  • ¿Ese idiota? Está luchando con mi mascota – dijo irónicamente la madre de los demonios.
  • ¡¿Lilith?! ¡¿Enfréntame, furcia de mierda?! – gritó Dimitri con una voz gutural que no era propia de él.
  • ¡¿Imposible?! ¡¿Maldito animal?! ¡¿Qué le hiciste a Vilserk?! – gritó Lilith.
  • Está inconsciente. Llévatelo y no vuelvas a regresar a éste mundo – dijo amenazantemente el ex militar.
  • Quédate con ese bastardo. Ya no me sirve – dijo Lilith mientras abrió un portal y abrazó a la niña para llevársela a su mundo – gracias por tus servicios, nos volveremos a encontrar.
  • ¡¿Clare?! ¡¿No te vayas?! – gritó Dimitri desesperadamente.
  • ¡¿Dimitri?! ¡¿Ayúdame?! – gritó Clare al que fue su salvador.
  • No lo volverás a recordar. Ahora, ¡eres toda mía! – dijo sonriente Lilith mientras desapareció, tal y como llegó.

1 de Noviembre de 2005. Al amanecer, Dimitri Korsakov corrió para ver a su madre. Para su suerte, seguía viva y ambos se abrazaron, mientras observaban el cuerpo inconsciente de Vilserk. Lo amarraron con barras de metal y lo llevaron al Capitolio.

Un derrotado Skullik gritó para que Dimitri corriera hacia él, con el objetivo de entregar lo que quedaba de su poder. Dimitri estaba en la encrucijada entre tener como aliado a un genocida o aceptar su ayuda:

  • ¡¿Observa lo que hiciste Skullik?! ¡¿Todas las personas que mataste?! ¡¿Cómo mierda quieres que confíe en ti?! – gritó Dimitri con ira y rencor.
  • Sé muy bien lo que hice y cómo lo hice. Yo también fui humano, al igual que Vilserk. Tú no eres humano, Dimitri. Puedes derrotar a Lilith, si te lo propones. Si evolucionas – dijo un agónico Skullik.
  • Deja de ser tan rencoroso, Dimitri – dijo Anna a su hijo.
  • Si luchas en solitario, morirás de manera irremediable, amigo – dijo Vilserk.
  • ¡¿No soy tu amigo?! ¡¿Y tú?! ¡¿No eres mi madre?! – gritó Dimitri.
  • ¡¿No vuelvas a decir eso, malcriado?! – gritó Anna al pegar una patada a su hijo – ¡¿Es cierto?! ¡¿No te dije toda la verdad?! ¡¿Me equivoqué?!
  • Todos tenemos nuestros secretos, Dimitri – dijo el lobo del averno.
  • Toma mi mano y tíralo, hasta que saques mi brazo – dijo Skullik.
  • Lo haré, pero desconozco a qué te refieres – dijo el ex militar al tomar la mano del Ente.
  • Éste brazo será una espada de huesos afilados para confrontar a cualquier enemigo – dijo el Ente con poco aliento – ahora, toma mi esternón y arráncalo de mi cuerpo.
  • Me puedes decir, ¿qué estás tramando? – preguntó Dimitri al tomar el esternón de Skullik.
  • Con el poder que me queda, seré una espada, un escudo y una armadura. Sólo tú, podrás utilizarla para el fin que desees. Para hacer bien o el mal – dijo el Ente mientras se transformaba en esos elementos – cuidado con la oscuridad, porque consumirá tu alma, en la medida que más injusticias inevitables surjan.
  • Haré lo que estime correcto. No dejaré a mis enemigos con vida –  dijo el ex militar.
  • Luchemos juntos para vencer – dijo Skullik antes de callarse como un objeto inerte.
  • Hijo, yo no quise omitir información, pero entiende que mi historia es más cruda de la que piensas – dijo Anna.
  • Pero, lo hiciste. Ya tendremos tiempo para conversar. Ahora, quiero estar solo. Vigila a Vilserk – dijo Dimitri.

El último acto de Skullik sorprendió al príncipe rojo, pero comprendió el mensaje. Lilith transformó la vida de varios humanos en algo miserable y sin piedad alguna, con el fin de transformarlos en monstruos que podían ser desechados como basura, en cualquier momento.

Sentía que su deber era derrotarla, porque todo lo sucedido fue por su culpa y haber sido débil, cuando no debía serlo, pero su misión sería interrumpida por una invitada que abrió de golpe las puertas del Capitolio.

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Mauro Gómez

Mauro Gómez

Tecnólogo en Informática Biomédica especializado en Marketing Digital, UX y Programación. Autor de historias de Terror de los tipos Uncanny y Psicológico