La caída de los vivos

El disfraz de Halloween | Capítulo 3

Una niña caminaba sonriente como si nada por las calles de la ciudad. Pero, los adultos estaban horrorizados por el disfraz de Halloween que tenía puesto.


El disfraz de Halloween

“Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”

 – Stephen King

Halloween. Una fecha odiada por la Iglesia Católica, porque lo consideran un “triste” retorno al paganismo y desarrollaron alternativas que, según los creyentes, sirven para “desenmascarar” el mal.

Es una fecha amada por todas las edades y realizan todo tipo de actividades, tales como: pedir dulces, disfrazarse, ver o participar de desfiles, narrar historias de terror para una comunidad, ver películas de terror, entre otras. Además, sirve para entregar un respetuoso mensaje a la Iglesia Católica: si piden respeto por sus creencias, también deben respetar a las demás personas que son de mente abierta a otras tradiciones.

Sin embargo, un acontecimiento iba a cambiar la percepción de esa fecha, en Salt Lake City, capital del Estado de Utah de los Estados Unidos.

Una niña de 12 años, piel blanca, ojos verdes y pelo castaño. Con sus ojos llenos de odio en contra de la humanidad, quería matar a todas las personas de la ciudad. Una entidad misteriosa le confeccionó un disfraz con huesos, piel y órganos humanos.

Todo comenzó un día 11 de agosto del año 2005. Clare Davis jugaba con sus amigos del vecindario y de la escuela. Sacaba buenas notas y era una prodigio en todas las materias. Su vida aparentaba ser fácil y perfecta, pero estaba lejos de serlo.

Ella vivía en una familia disfuncional. Sus padres eran alcohólicos y no se preocupaban de su bienestar. Tuvo que madurar y ser independiente por sí misma. La soledad era una compañera cruel que no la dejaba descansar y la mantenía desprotegida.

Lo peor, es que los vecinos sabían de su realidad, pero no querían meterse en problemas. Nunca llamaron a la policía. La indiferencia fría y cruda de nuestra sociedad permite que las injusticias florezcan.

A pesar de todo, Clare tenía un anhelo de justicia y libertad. Salir de ese ambiente tan tóxico que la sometía más y más. Tener otra vida y no volver a ese lugar. Además, tenía una amistad muy linda con Albert

Tenía la piel negra, ojos marrones, de pelo negro y profesaba el islam. Era el blanco perfecto para la discriminación en su escuela, como consecuencia indirecta de los atentados a las torres gemelas y el racismo existente en ese país. Soportó golpes y humillaciones por parte de sus compañeros, por el mero hecho de ser distinto a los demás.

Clare no comprendía el actuar de sus compañeros. Ella los confrontó y lo integró a su grupo, demostrando su lado humano y eso le transmitió esperanza a Albert.

La sociedad tiene un lado bueno que no sale mucho a la luz, por miedo al conflicto y la valentía se queda en la mochila de la cobardía.

Albert no tenía muy buenas notas, porque era muy flojo y no explotaba su verdadero potencial. Al menos, eso era lo que sus padres querían creer. Clare lo estaba ayudando para que saliera adelante.

Ese día, él tenía una sorpresa para Clare y tenía mucha ansiedad para saber su reacción. La saludó con un abrazo bien apretado y le dijo:

  • Tengo un regalo para ti. Ojalá que te agrade mucho.
  • ¡Muchas gracias! Lo abriré de inmediato. ¡Me encantan las sorpresas! – dijo su amigo mientras abría su regalo.
  • ¿Te gustó? Por favor, no me lo lances por la cabeza. Intenté encontrar uno que fuera de tu gusto – dijo a su amiga con algo de temor.
  • ¡Que hermoso diario! ¡Me gustó mucho! – exclamó Clare con los ojos brillosos.
  • Me alegra que te haya gustado. Mi cabeza está en paz – dijo Albert esbozando una sonrisa.
  • No soy materialista. El significado de los regalos es el que me importa – dijo Clare, antes de abrazar a su amigo.

El 7 de septiembre de 2005, los padres se hundían en un abismo sin retorno. El alcohol y los cigarrillos eran sus vicios preferidos, con dosis exageradas y dañinas. Peleaban entre ellos, lanzándose objetos de gran tamaño y la situación era insostenible.

Clare escuchó una de las discusiones. Su madre estaba gritando con ira:

  • ¡¿Fuiste infiel?! ¡¿No quiero volver a saber de ti?!
  • No te he engañado, pero me encantaría hacerlo. ¡Eres insoportable! – dijo el padre de Clare.
  • ¡¿Claro?! ¡¿Ahora crees que soy loca?! – gritó la mujer.
  • No lo creo. Es así. ¡Mírate! – dijo el hombre con toda calma.
  • ¡¿Hijo de puta?! ¡¿Me estás engañando?! – gritó la madre de Clare con insistencia.
  • No se puede hablar contigo. Iré a borrarme de éste mundo de mierda – dijo el padre de Clare mientras llenaba un vaso de whisky.
  • Yo también. Me iré a un bar. Quédate solo – dijo la mujer conteniendo su rabia.

Clare atesoraba su diario. Era su vida en palabras y una vía de escape. Escribió con lujo de detalle sus tristezas, alegrías, esperanzas, enojos y reflexiones de vida, y esa discusión no fue la excepción.

Pero, nadie lee el futuro, nadie estaba ahí para decirle que, por desgracia, era lo peor que podría haber hecho.

Dos días más tarde, sus padres encontraron su diario y se encolerizaron. La niña escribió que sus padres eran las peores personas del mundo, no le gustaban las constantes discusiones, que bebieran alcohol y fumaran todos los días y deseaba tener una familia normal, como el resto de sus amigos.

Cuando Clare regresó de la escuela, su madre la esperaba con un bate de baseball para “enseñarle” que con ella no se juega y su padre tenía el diario en una mano y un encendedor en otra.

  • ¡¿Qué te crees para escribir esas cosas de nosotros?!
  • ¡¿Por qué tienen mi diario?! ¡¿Devuélvanmelo?! – gritó Clare desesperada.
  • No, niñita. Nunca saldrás de aquí. Estás muerta desde que naciste – dijo su padre.
  • ¡¿Exacto?! ¡¿Quién de ha dado todo?! ¡¿Tu ropa?! ¡¿Tu cama?! ¡¿Éste techo?! ¡¿Así nos agradeces?! – gritó la madre de la niña.
  • ¡¿Es mi diario y lo que escriba es privado?! ¡¿No tienen el derecho para quitármelo?! – gritó la niña.
  • ¡¿Quién te regalo ésta basura?! – gritó su padre.
  • ¡¿Mi mejor amigo?! ¡¿Devuélvanmelo?! – gritó Clare.
  • No te lo devolveremos – dijo el padre mientras quemaba su diario delante de ella.
  • ¡¿No?! ¡¿Por qué son así?! ¡¿Mi vida es una mierda por culpa de ustedes?! – gritó la niña con lágrimas en sus ojos.
  • Ahora, te irás al sótano y no volverás a salir a ninguna parte – dijo su madre cuando la golpeó en una de sus piernas con el bate de baseball.

Clare no salió de aquél lugar, durante un largo tiempo. Sólo veía una luz tenue que atravesaba la ventanilla del sótano.

Sus padres eran personas despreciables y la justicia no existía en ese lugar. Le daban comida para perros untada en un pan y agua. Su madre le dijo:

  • A partir de ahora, ésta será tu nueva comida
  • ¿Qué es esto? – preguntó Clare.
  • Pruébalo – dijo la mujer.
  • ¡¿No me gusta?! ¡¿Tiene un sabor extraño como a comida para perros?! – gritó la niña.
  • ¡¿Agradece que te damos de comer?! ¡¿Hasta los perros de la calle comen peor que tú?! – gritó su madre.
  • ¡¿Son malos?! ¡¿No se merecen nada?! ¡¿Los odio?! – dijo la niña enojándose.
  • Yo te odio más y quédate en silencio – dijo su madre mientras cerraba la puerta del sótano.

La tristeza de la niña se convirtió en un odio muy profundo. Encontró un calendario en ese oscuro lugar, empezó a marcar cada día y lo escondía para no levantar sospechas.

Un día antes de Halloween, Clare seguía encerrada sin ver la luz del día. Era una prisionera en su propio hogar. La situación era insostenible.

La niña estaba enfurecida. Toda su vida ha sido una decepción, por la culpa de sus padres. Quería verlos muertos, pero no tenía la fuerza necesaria para hacerles daño.

Sus padres se emborrachaban y hacían escándalos que se podían escuchar en todo el vecindario. Tenían más de un problema con la policía. Pero, sólo les daban multas o los amenazaban con llevarlos a la cárcel. Lo que ellos no sospechaban era que Clare estaba encerrada.

De pronto, la situación iba a cambiar. El Ente de las 45 calaveras había llegado a Salt Lake City para expandir el horror que ocasionó en la escuela de Clare. Ella no vio nada, porque tuvo la suerte de no haber asistido en ese fatídico día.

Varias muertes sin explicación sucedieron en aquella ciudad. Adultos y niños fueron masacrados, irreconocibles a simple vista. El único pecado era vivir su propia vida. Para el Ente, la humanidad era un virus que se debía erradicar de raíz.

La ciudadanía entró en una histeria colectiva, pero poco y nada podían hacer. El caos sólo lo alentaba y alimentaba para causar más terror.

Dimitri Korsakov estaba en uno de los bares de la ciudad para reflexionar. Pidió un vodka al barman y escuchó las noticias de un televisor. Una periodista comentaba lo sucedido:

“Durante el día, el SLCPD (Salt Lake City Police Department) recibió un llamado sobre un cadáver mutilado encontrado por unos deportistas, en el Liberty Park.

Los policías acordonaron el área para investigar y entregar a la ciudadanía estadounidense una respuesta convincente. El fiscal realizó un llamado a la calma.

A pesar de ello, la comunidad civil continúa alarmada por los asesinatos en serie avistados en varios parques y callejones de la ciudad.”

El ex militar cambió de canal. Un programa de conversación estaba analizando los registros de una cámara de seguridad y una experta en sucesos paranormales comentó a la audiencia:

“Al analizar los vídeos, es difícil emitir un juicio al respecto. Algunos espectros saludaban y otras quedaban mirando atentamente a la puerta, como si intentaran entrar en esos lugares. 

Nadie sabe a ciencia cierta qué mensaje desean entregar en nuestro mundo. No quiero especular, pero creo que son demoníacos y recomiendo que los ciudadanos rocíen agua bendita en esos lugares y tengan una biblia a mano…”

Dimitri apagó la televisión y pidió otro vodka sin añadidos. No le gustaban las mezclas. Según él, era un crimen porque los tragos rusos fueron hechos para tomarse solos.

En las calles de la ciudad, una marioneta percibió el odio proveniente de una niña, como si procediera del mismísmo infierno. Cuando la noticia llegó a manos del Ente, empezó a reír sin control y cambió un poco su mirada sobre cómo tratar a los humanos.

Su nuevo objetivo era utilizar a la niña, para que sembrara el terror en la humanidad y la protegería de todo aquél se acercara a ella, porque no era inmortal y era vulnerable a cualquier herida que le provocaran.

Mientras más odio existiera en el corazón de la niña, más poderosa sería su alma para el Ente, cuando se decidiera a asesinarla. De esa forma, hubiera sido invencible contra cualquier humano y entidad inmortal que se cruzara en su camino.

El Ente y las marionetas visitaron a Clare. Ella estaba aterrorizada al ver las marionetas y empezó a gritar:

  • ¡¿Quiénes son?! – gritó Clare exaltada al ver una de las marionetas acercándose.
  • Me comentaron que tienes problemas graves con tus padres. Quiero ayudar – dijo el Ente.
  • ¡¿No necesito tu ayuda?! ¡¿Sáquenme de aquí?! – gritó la niña

Para su desgracia, sus padres estaban borrachos y no escuchaban los gritos de su hija. Pero, no sabía que el objetivo del Ente no era asesinarla, porque el primero de sus objetivos era ganar su confianza y que se transformara en su aprendiz.

Al visualizar la cara de terror de la niña fusionada con la tristeza que la embargaba por participar de las festividades de Halloween con sus amigos, el espectro intentó calmarla:

  • No nos temas. Sabemos lo que estás pasando. ¿Quieres tener el disfraz de Halloween de tus sueños?
  • Si. Pero, ¿cómo podría conseguirlo? No puedo salir de aquí – dijo la niña algo triste, pero más calmada.
  • Tus padres no te tratan bien. Piensan que eres una basura que dieron a luz y sólo estorba. Destruyeron lo más preciado para ti. Son unas verdaderas bazofias, ¿verdad? – una de las marionetas la abrazó.
  • Si. Lo son. Son una molestia. Pero, ¡no puedo salir de éste lugar de mierda! – gritó Clare con ira desmedida.
  • Mi princesa. La humanidad sólo hacen daño a los suyos, porque la conciencia es una virtud que ya no poseen. No piensan, sólo consumen. ¡Son un maldito virus que debemos erradicar!
  • Pero, ¡yo también soy humana! ¡¿Me matarás o qué?! – gritó Clare horrorizada.
  • Tú eres distinta, porque tienes un poder que pocos tienen: el odio hacia los tuyos. Es el sentimiento más poderoso del mundo y ni siquiera el amor puede con él – dijo el espectro para convencerla.
  • Entonces, ¿no me matarás? – dijo Clare más calmada.
  • No lo haré. Pero, tengo una sola condición: cuando salgas de éste sótano, quiero que mates a tus padres. Toma un cuchillo de la cocina y yo te diré cuándo pararás de enterrarlo –
  • ¿Qué pasara después? – preguntó la niña algo convencida.
  • Cuando superes la prueba, yo haré el resto. ¡Tendrás el mejor disfraz de Halloween de tu vida! – dijo el Ente saboreando el horror que provocaría.
  • Hagámoslo. No quiero ver a éstos bastardos nunca más. Los humanos no merecen la vida. Sólo la muerte, porque dañan a los suyos – dijo Clare con una frialdad que no era propia de una niña de su edad.

El espectro rompió la puerta del sótano y Clare fue a buscar un cuchillo carnicero en la cocina, cumpliendo con el pacto. Ambos subieron las escaleras de la casa, hasta que llegaron a la habitación de la pareja.

Clare se abalanzó contra su propio padre y clavó 22 veces el cuchillo en el tórax. No gritó de dolor, porque estaba muy emborrachado y ella justo se lo enterró en el corazón. La muerte fue casi instantánea.

La madre se llevó la peor parte, alcanzó a clavar el cuchillo 23 veces en el tórax y el rostro. Ella estaba consciente, dentro de su estado de ebriedad. Murió con su rostro completamente desfigurado.

El Ente ordenó que se detuviera al completar el número 45, como si fuera un hórrido sello del crimen que cometió la niña.

Clare estaba eufórica. Al fin, había logrado su cometido y sería libre de todo ese infierno. El Ente hizo levitar los cuerpos de sus padres y las marionetas crearon una especie de disfraz a medida para la niña.

Si los vecinos hubieran hecho algo más por la niña, los crímenes provocados por el odio no habrían sucedido, pero ya era demasiado tarde. El horror inundaba cada pared de esa casa y nadie fue capaz de evitarlo. Todo por la indiferencia y el temor estúpido a los conflictos.

El Ente de las 45 calaveras creó a su “princesa perfecta”, algo totalmente fuera de la imaginación. Ese fue el inicio del horror en Salt Lake City.

Varios gritos de terror se escuchaban en las inmediaciones del bar. Dimitri Korsakov encendió la televisión y observó con atención una hórrida noticia entregada por una reportera asustó a los habitantes de la ciudad:

“Han llegado reportes de una niña vestida con piel, huesos y órganos humanos. Los policías están acordonando el área… Pero, ¡¿qué mierda es eso?! ¡¿Enfócalo?!

Lo que parece un espectro hecho de calaveras humanas y un ejército de fantasmas de marionetas decapitadas, acompañan a la niña que no frena su marcha.

¡¿Dios mio?! Cada policía del SLCPD que enfrenta a la niña, ¡¿el espectro lo corta como carne de res y vuela por los aires?! ¡¿Un gran río de sangre nos toca los pies?!

Nos informan que todas las personas deben evacuar el área de forma ordenada, sin excepción. ¡¿Repito?! ¡¿Todas las personas evacuen el área?!

Estamos corriendo a la camioneta para dirigirnos al estudio. ¡¿No nos hagas ésto?! ¡¿Nooooo?!”

Después de ese grito desgarrador, la mujer fue asesinada en la transmisión en vivo. Dimitri Korsakov se levantó y sintió que su deber era ayudar a los humanos. Al abrir la puerta, se encontró de frente con su madre que lo abrazó, después de tanto tiempo. Ella tenía muchas cosas que explicarle a su hijo.

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The Author

Mauro Gómez

Mauro Gómez

Tecnólogo en Informática Biomédica especializado en Marketing Digital, UX y Programación. Autor de historias de Terror de los tipos Uncanny y Psicológico